Torremolinos (2025)
El vuelo desde Madrid a Torremolinos era uno de esos trayectos cortos que suelen pasar desapercibidos, pero joder, esta vez fue todo lo contrario. Me senté en mi asiento de ventanilla, y al poco rato, dos tíos enormes, con pinta de osos totales –barbudos, peludos, con camisetas ajustadas que marcaban sus pectorales y barrigas duras– se acomodaron a mi lado. Eran de Torremolinos, venían de una escapada rápida a la capital, y desde el primer saludo ya noté la química. Uno se llamaba Raúl, morenazo con ojos negros que te taladraban, y el otro, Paco, rubio teñido con una barba espesa que le daba un aire de vikingo cachondo. Empezamos a charlar de tonterías, pero pronto la conversación derivó en coñas sobre el calor del sur y lo "calientes" que nos poníamos con el verano. Sus miradas se clavaban en mi paquete, y yo no podía dejar de imaginarme sus bocas devorándome. El avión no había despegado del todo cuando ya estábamos rozándonos las piernas "por accidente". Raúl, el ...