Entre osos (2025)

Hace unos meses, en pleno agosto, con Torremolinos a reventar de turistas y el calor pegajoso del Mediterráneo, entré en una web de cruising que ya conocía de sobra. Subí un par de fotos sin cara, pero con la polla gorda y dura y goteando y la otra con mi tripa, mi pollón y un cockring metálico y con un texto directo: “Busco pareja de osos maduros para vicio sin límites esta noche. Hotel X”. En menos de media hora ya tenía un mensaje: dos fotos de dos tíos cuarentones, peludos como animales, uno más barrigón que el otro, con pollas gordas y venosas. “Somos pareja, él pasivo total, yo versátil. Nos encanta lo guarro. ¿Te atreves?”. Les mandé la habitación y a las once en punto llamaron a la puerta.

Abrí en bolas y con mi polla morcillona mientras ellos ya venían empalmados los dos. El pasivo, Javi, era un oso enorme, barba cerrada, tripa prominente, culo como un planeta. El versátil, Miguel, más fibroso, tatuado, mirada de lobo. Nada más cerrar la puerta ya me estaban comiendo la boca los dos a la vez, cuatro manos peludas sobándome el culo y las tetillas. Olían a sudor de todo el día y a colonia barata, una mezcla que me puso como una moto.

Se desnudaron en un instante. Miguel me empujó contra la pared y me metió la lengua hasta la garganta mientras Javi se arrodillaba y se tragaba mi polla hasta el fondo sin preliminares. Empezaron a llamarme puta, cerdo, guarro… y yo solo podía gemir. Me llevaron a rastras a la cama y me tumbaron boca arriba. Javi se sentó en mi cara sin miramientos; su culo peludo y sudoroso me tapó la luz, olía fuerte, a hombre, a sexo de todo el día. Le comí el ojete con un apetito voraz mientras Miguel me abría las piernas y me escupía en el agujero.

De repente noté la punta gorda de Miguel empujando. Entró de una estocada, sin condón, sin nada, hasta el fondo. Grité dentro del culo de Javi y él se rio y se movió más fuerte contra mi lengua. Empezaron a follarme en cadena: Miguel me clavaba su rabo gordo mientras yo lamía y mordía el agujero de Javi, que se pajeaba mirando cómo su pareja me abría en dos.

Luego cambiamos. Me pusieron a cuatro patas. Javi se tumbó debajo de mí, abrió las piernas como una puta y me guió la polla dentro de él. Estaba ardiendo y muy mojado de saliva. Empecé a bombear fuerte mientras Miguel se colocaba detrás de mí y, sin avisar, me escupió en el culo y me metió la suya otra vez. Ahí empezó lo bestia: yo follándome al pasivo gordo mientras el versátil me reventaba a mí. Cada embestida de Miguel me hacía clavársela más adentro a Javi, que gemía como un cerdo en celo.

En un momento Miguel salió de mi culo, se puso de pie en la cama y nos meó a los dos. Un chorro caliente, fuerte, que olía a cerveza barata, nos cayó en la cara, en el pecho, en la polla. Javi abrió la boca y bebió, yo también. Me volví loco. Me levanté, saqué la polla del culo de Javi y les meé yo a ellos: primero a Miguel en la cara mientras se pajeaba, luego a Javi directamente dentro del agujero abierto. Metí la polla otra vez empapada de orina y seguí follando mientras el pis chorreaba por todas partes.

La cama era un charco. Olía a sexo, a sudor, a meados. Nos revolcamos como animales. Miguel me folló boca abajo mientras Javi me metía los dedos y me lamía el agujero entre embestida y embestida. Luego Javi se puso encima de mí y me cabalgó como una loca, su tripa sudorosa pegada a mi pecho, Miguel detrás follándole a él mientras yo le clavaba la mía. Era un baile de pollas dentro de culos, sudor, babas, meados por todos lados.

Al final nos corrimos casi a la vez. Miguel se la sacó de Javi y nos bañò a los dos en leche espesa y caliente. Yo me corrí dentro de Javi, mientras el cabrón gritaba como una perra, le preñé el culo hasta que rebosó. Javi se pajeó y nos pintó la cara a los dos.

Tras ese primer asalto Javi y Miguel se pusieron a morrear pasando de mí, aún empalmados los tres, yo miraba mientras ellos cada vez se animaban más. Miguel puso a Javi a 4 patas y se puso a follarlo como si yo no estuviera allí, me acerqué, quería unirme a la fiesta y Miguel me dijo, "fóllame cabrón" me puse tras él, comencé a jugar con mis dedos en su culo mientras morreaba con él, de su boca pasé a su culo, se lo follé con mi lengua, con mis dedos y cuando se lo dilaté bien le metí la polla a lo bestia, el cabrón se estremeció y fue como una descarga eléctrica recibida que contagió a Javi que también se estremeció. Comencé a darle fuerte, noté como Miguel se aflojaba tras un instante tenso, fue el momento en el que se corrió dentro de Javi, que recibió su ración de leche entre gemidos y temblores de placer. Miguel estaba gimiendo y pidiendo más, Javi, destrozado y empalmado se puso a darle rabo en la boca a Miguel, corriéndose casi al instante, por mi parte no quería parar, pero la excitación me pudo y me corrí dentro de Miguel, agarrado a sus caderas, descargando mi leche con furia dentro de él. Su ojete apretaba mi polla y no la dejaba salir. Acabamos los tres cerdos destrozados en la cama sobándonos, morreando, comiéndonos los rabos limpiando la leche que pudiera quedar en nuestras pollas. 

Nos duchamos juntos, todavía tocándonos, todavía riéndonos como cerdos. Se vistieron, me dieron un morreo largo y sucio y se fueron. La habitación apestaba a cerdos, meos y sexo. Aún guardo sus números. A veces, cuando paso por Torremolinos, les escribo. Y siempre contestan lo mismo: “Sube, cerdo, que tenemos la vejiga llena”.

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