Más que compañeros II (1984)

La semana pasó volando, con Andrés y yo cruzándonos miradas cargadas en el apartamento, como si compartiéramos un secreto sucio que nos ponía a mil. Inmaculada vino el viernes por la noche, con esa cara de no haber roto un plato, pero yo ya sabía lo zorra que se ponía cuando olía polla de verdad. Cenamos los tres como si nada, charlando de la uni y chorradas, pero la tensión se cortaba con cuchillo: ella me rozaba la pierna por debajo de la mesa, Andrés me guiñaba el ojo cuando ella no miraba, y yo ya tenía la polla medio dura solo de imaginar lo que venía.

Cuando terminamos de recoger, Inmaculada se levantó, se quitó la camiseta sin decir ni mu y se quedó en sujetador, con esas tetas perfectas apuntando como diciendo "venid a por mí". Andrés y yo nos miramos, nos reímos como dos críos y nos lanzamos. La cogimos en brazos y la llevamos a la cama grande, la mía, porque era más ancha para los tres. Empezamos a desnudarla entre los dos, besándole el cuello, las tetas, metiéndole mano por todos lados mientras ella gemía como una perra en celo. Yo le comí la boca a fondo, luchando con su lenguacon una pasión exacerbada, mientras Andrés le chupaba los pezones y le metía dedos en el coño, que ya chorreaba.

– Joder, qué mojada estás niña –dijo Andrés, con la voz temblando de excitación.

– Es que sabe lo que le espera –contesté yo, sacándome la polla ya dura como una piedra.

Inmaculada se arrodilló en la cama, nos miró con esa cara de vicio que pone cuando está desatada y nos agarró las pollas con maestría. Empezó a mamarnos alternando, primero la de Andrés con esa delicadeza suya, luego la mía tragándosela hasta la garganta como la zorra que era. Andrés y yo nos mirábamos mientras ella nos comía los rabos, y acabamos besándonos por encima de su cabeza, metiéndonos lengua como si nos diera igual todo. Yo le metí dos dedos en el coño a Inmaculada mientras me la chupaba, y ella empezó a gemir con mi polla en la boca, vibrando entera.

La tumbamos boca arriba y nos pusimos a comerle el coño los dos a la vez. Andrés le lamía el clítoris como un poseso y yo le metía la lengua bien adentro, saboreando sus jugos que no paraban de salir. Ella se retorcía, gritaba, nos agarraba del pelo y nos empujaba contra su coño como si quisiera que nos metiéramos enteros.

– ¡No paréis, cabrones, me vais a matar de gusto! –chillaba, corriéndose ya la primera vez, temblando como una loca.

No le dimos tregua. La puse a cuatro patas y se la clavé hasta el fondo de una estocada. Gimió como si le partiera en dos, pero empujó el culo hacia atrás pidiendo más. Andrés se puso delante y ella se tragó su polla mientras yo la empotraba, bombeando fuerte, agarrándola de las caderas y dándole azotes que la ponían más loca todavía. Cada vez que me la metía hasta los huevos, ella gemía con la polla de Andrés en la garganta, babeando como sólo había visto en las películas porno.

– Cambiadme, quiero las dos pollas dentro –suplicó, con los ojos en blanco.

La tumbamos de lado, Andrés se puso detrás y se la metió por el coño mientras yo me coloqué delante y le metí la polla en la boca otra vez. Luego cambiamos: yo por detrás, él por delante. Estuvimos así un rato, turnándonos su coño, hasta que ella empezó a suplicar que la folláramos los dos a la vez. Andrés se tumbó boca arriba, ella se sentó encima de su polla y yo me puse detrás. Le unté el culo de vaselina (ya teníamos el bote en la mesilla, listo para la ocasión) y empecé a meterle la polla poco a poco mientras Andrés la tenía clavada en el coño.

– ¡Sí, joder, llenadme, llenadme entera! –gritaba la muy guarra, empujando el culo contra mí.

Cuando la tuve dentro del todo, empezamos a movernos los dos a la vez, Andrés desde abajo y yo desde atrás, follándola como si quisiéramos partirla por la mitad. Ella se volvió loca, corriéndose una y otra vez, gritando que nunca había sentido nada igual, que éramos sus machos, que éramos sus putos dioses. Sus orgasmos eran brutales, se le contraía el coño y el culo a la vez, apretándonos las pollas como si quisiera ordeñarnos.

Andrés fue el primero que no aguantó:

– Me corro, me corro dentro, joder…

Y se dejó ir, llenándole el coño de leche caliente. Eso la hizo correrse otra vez, temblando entera, gritando como una poseída. Yo seguí empotrándola por el culo, cada vez más fuerte, hasta que noté que me venía. Se la saqué del culo, la giré rápido y le metí la polla en la boca. Se la tragó hasta el fondo mientras yo explotaba, corriéndome en chorros largos que ella se bebía enteros, sin dejar caer ni una gota, mirándome con esos ojos de vicio puro, Andrés quería fiesta así que cuando ella dejó mi polla libre él se puso a comer rabo y a limpiarlo entero.

Cuando terminamos, los tres caímos rendidos en la cama, sudados, jadeando, con ella en medio pegada a nosotros, besándonos a los dos, mordisqueándonos, diciéndonos guarradas al oído sobre lo bien que la habíamos destrozado. Andrés y yo nos miramos por encima de su cabeza, sonriendo como idiotas, sabiendo que esto solo era el principio.

Al día siguiente, después de dormir como troncos, Andrés me miró mientras desayunábamos y dijo:

– Oye, ¿te acuerdas de lo que te conté de las salas X?

Yo sonreí, con la polla ya dándose por aludida.

– Claro, tío. Esta noche vamos. Y si quieres, llevamos a la pantera.

Inmaculada, que estaba sirviendo café en pelotas, se giró con una sonrisa de oreja a oreja.

– ¿Me vais a llevar a una sala X? Joder… eso sí que va a ser una noche para recordar.

Continuará…

Comentarios

Entradas populares de este blog

Cruising en Nervión (Sevilla 2025)

Contactos por internet (1998)

Gabriel no era un ángel (2025)