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Mostrando entradas de enero, 2026

Jóvenes y sumisos (2026}

Ayer me monté una maratón de vicio que duró horas con dos twinks de 20 años, dos deportistas con cuerpos esculpidos en el gimnasio pero delgados y suaves como seda, pieles bronceadas y depiladas, abdominales que se marcan con cada jadeo, y culitos redondos, firmes y hambrientos que parecen hechos para que un macho como yo los reviente sin piedad. Los traje a mi casa después de chatear un rato en la app, prometiéndoles una sesión que les dejaría los agujeros ardiendo y la mente hecha papilla. Y joder, cumplí con creces: los tuve atados, follados, humillados y cubiertos de lefa hasta que suplicaban por más, gritando como zorras en un puticlub. Empecé preparándolos en el salón, quitándoles la ropa despacio para ver cómo se les ponía dura solo con mis miradas. Les puse collares de perro con correas, les até las manos a la espalda con esposas de cuero negro que crujían con cada movimiento, y les separé las piernas con una barra metálica fría que les impedía cerrar los muslos, dejando sus cu...

Doble Ración III (2000)

Pasaron unos días y el deseo ya era una adicción. Cada vez que salía de las putas reuniones, mis pies me llevaban solos al bar. Aquella noche de viernes el local estaba más lleno, pero los vi enseguida: Marcos y Adrián en la barra, charlando con otro tío que no conocía. Alto, fornido, unos treinta y tantos, barba corta, brazos tatuados y una camiseta ajustada que marcaba un pecho ancho y duro. Cuando me acerqué, Adrián me sonrió con picardía y me lo presentó: «Este es Iván, mi cuñado. Está casado con mi hermana… pero ya sabes cómo son las cosas en familia». Iván me dio un apretón de manos fuerte y una mirada directa, sin vergüenza. Tenía los ojos oscuros y una sonrisa que decía «estoy aquí para lo mismo que tú». Marcos, a su lado, ya tenía esa expresión de depredador satisfecho. En menos de media hora estábamos los cuatro saliendo hacia el loft, el aire cargado de testosterona y promesas. Nada más entrar, la ropa empezó a sobrar. Iván se quitó la camiseta y dejó ver un torso de gimnasi...

Doble Ración II (2000)

Al día siguiente salí de la oficina con el cuerpo todavía electrificado por la noche anterior. Apenas pude concentrarme en las reuniones; en mi cabeza solo giraba una idea fija: volver al bar, encontrarlos y esta vez invertir los papeles. Quería follarlos a los dos, abrirlos, llenarlos, marcarlos con mi semen hasta que no quedara duda de quién había ganado esa ronda. Entré al mismo local sobre las nueve. La luz era la misma, el bajo profundo también, pero esta vez los vi nada más cruzar la puerta. Estaban en la misma mesa del fondo, con dos gin-tonics ya servidos y un tercero vacío esperándome. Marcos me miró con esa media sonrisa de quien sabe exactamente lo que viene. Adrián se mordió el labio inferior al verme. No había duda: me estaban esperando. Nos saludamos con besos cortos pero cargados, manos que se demoraban en la cintura, en el culo. Apenas hablamos diez minutos. Marcos acercó su boca a mi oído y murmuró:   «Adrián no ha parado de hablar de tu polla desde ayer. Y yo...

Doble Ración I (2000)

Después de un día eterno de reuniones que no acababan y correos que se multiplicaban, decidí que necesitaba desconectar. Me fui al hotel, me cambié la camisa por una más ajustada, me solté la corbata y me dirigí a ese bar de ambiente del centro que conocía bien: luces tenues, música profunda, olor a cuero y colonia cara. Entré y pedí un gin-tonic. El local estaba animado, pero no abarrotado. Me apoyé en la barra, observando la escena, cuando noté que dos pares de ojos me seguían desde una mesa al fondo. El mayor debía rondar los cincuenta: alto, ancho de hombros, barba perfectamente recortada con canas plateadas, camisa negra abierta lo justo para dejar ver un pecho firme y peludo. Tenía esa presencia de hombre que sabe exactamente lo que quiere y cómo conseguirlo. A su lado, un chaval de unos veinticinco: más delgado pero igual de definido, piel morena, tatuajes asomando por las mangas, mirada traviesa y una sonrisa que prometía problemas. Se levantaron y se acercaron. El mayor se pre...

Después de Eagle (BDSM - 1998)

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La misma mañana después de esa noche en el Eagle, no pude aguantar más. Había pasado las horas en vela, empalmado como un puto animal salvaje, la polla palpitando sin parar, fantaseando con ese bigote espeso y áspero rozándome los huevos hinchados mientras me chupaba hasta el fondo, tragándose mi corrida caliente como un cerdo hambriento. Su cara, joder, tan clavada a Richard Locke –ese macho roto de los 70, con ojos de puta que ruega ser destrozado–, y esa polla larga, venosa, colgando pesada del cockring de cuero, goteando precum solo de pensar en ser usada como un juguete roto. Saqué el papelito arrugado, manchado de sudor de mi bolsillo, y marqué el número con la mano temblando y la verga ya tiesa, chorreando solo de anticipación. Sonó dos tonos y contestó con esa voz grave, ronca, gutural, como un gruñido de bestia en celo que te revuelve los cojones: “¿Diga?”. Me presenté como el cabrón del baño del Eagle, el que se había corrido dos veces esa noche gracias a él, y soltó una risa...

Eagle (1998)

Era finales de los 90, año 1998, una noche de sábado en el Eagle Madrid de la calle Pelayo. El local estaba a reventar: música industrial retumbando, luces rojas tenues, olor intenso a cuero, tabaco y sudor masculino. Yo había bajado al sótano, esa zona oscura donde siempre pasaba de todo, y me quedé apoyado en una columna, excitado perdido, mirando una escena que no podía apartar la vista. Delante de mí, a apenas unos metros, tres o cuatro tíos curtidos se lo estaban montando sin ningún pudor: uno alto con arnés y botas altas follaba a otro contra la pared mientras un tercero le comía la polla al que recibía y un cuarto se pajeaba mirando y metiendo mano donde podía. Gemidos graves, carne chocando, el típico sonido húmedo del sexo crudo… Me tenía la polla dura como una piedra dentro de los vaqueros. De repente noté una presencia detrás. Un tío se acercó despacio, se puso a mi lado pegado a la columna. Llevaba chaqueta de cuero negro perfecta, camisa oscura, pantalones ajustados… un lo...