La concentración
Tenía mejillas sonrosadas, pelo negro y heterosexual, y yo odiaba sus malditas tripas.
Pero yo era el rey del lugar: el jugador más duro y viril de la concentración, con mis botas camperas, pantalones ajustados y chaqueta de cuero que marcaba mis músculos de jugador de rugby. Era el verano de 1990 en Madrid, y allí estaba yo, recién seleccionado para mi selección autonómica en ese hotel en el campo, con un calor que me hacía sudar como a un cerdo.
El idiota se llamaba Phil, mi compañero de melé. Era un snob intelectual, siempre con la nariz en alto, pensando que era mejor que yo porque llevaba más tiempo allí. Pero yo era más duro y sucio, más fuerte, con mis tez morena, pelo negro ondulado y ojos negros que perforaban. Mis muslos poderosos bajo los pantalones ajustados, mi pecho ancho con vello triangular negro. Llegué como un torbellino, y desde el primer día supe que me odiaba... pero también que me deseaba en secreto, como una perra en celo.
"¿Por qué no nos turnamos para comer en el comedor?" dije con mi voz nasal, fuerte y dominante, el primer día. Él me miró frío: "No es como se hace aquí". Pero yo me reafirmé con vehemencia, me crucé de brazos, mostrando mi paquete que se marcaba bajo la tela. "Tengo mucho para guardar", dije guiñando, y vi cómo sus ojos bajaban a mi bragueta.
Compartíamos habitación, un apartamento estrecho y algo asfixiante. Yo llegaba tarde, achispado, oliendo a whiskey y sexo. No se me resistían las empleadas y algún que otro empleado del hotel. Me quitaba las botas pesadas, los pantalones ajustados, sintiendo mi polla medio dura bajo los calzoncillos. Sabía que él fingía dormir, pero me espiaba, tragando saliva. Yo me tocaba el paquete con orgullo, gruñendo, sabiendo que le ponía cachondo.
Todo la concentración fue una guerra de pollas: él placaba como un animal en los entrenamientos , pero yo placaba más a lo bestia. El entrenador tenía que llamarnos al orden y decirnos que nos reservaramos para los partidos. Cuando él estaba a punto de llevarse a la cama a alguna chica o chico del hotel se lo levantaba dejándolo jodido.
Hacia el final de la concentración, tras varios partidos, el hotel estaba a tope. El viernes hubo un tercer tiempo tras el partido que habíamos ganado, yo me emborraché como un animal, bailando con las turistas, chocando contra todos. Me echaron de la pista, tambaleante, pero lleno de fuego.
Llegué a la habitación, me senté en la silla y levanté una bota para quitármela... y caí al suelo como un saco. Phil salió de la cama para ayudarme, con esa mezcla de odio y lujuria en los ojos. "Estoy borracho", balbuceé. Él me apoyó, me quitó las botas de rodillas delante mío, y sentí su mano rozando mi calcetín húmedo, temblando. Me desabrochó el cinturón, bajó mis pantalones ajustados por mis muslos poderosos, y su aliento se aceleró cuando vio mi paquete hinchado.
"Sube a la cama", dijo, ayudándome. Me empujó por el culo, sus manos calientes en mis muslos, y yo caí boca arriba, fingiendo desmayarme. El resbaló y mi entrepierna quedó a la altura de su cara. Sabía lo que venía: el fuego en sus ojos era incontrolable.
Él temblaba en la silla. Su mano subió por mi muslo, rozando mis huevos, y luego agarró mi polla a través de los calzoncillos. Gruñí bajo, fingiendo inconsciencia, pero mi verga se endureció como hierro. Él la sacó, admirándola: 20 cm gorda, venosa, circuncidada. La olió, la lamió, y luego se la metió entera en la boca, chupando como una puta desesperada. Yo empujé las caderas, follándole la garganta sin piedad, hasta que me corrí en chorros espesos que él tragó entero, ahogándose.
Al día siguiente, me desperté con resaca, pero victorioso. Phil estaba blanco, evitando mi mirada. Me levanté desnudo con mi polla morcillona y me fui a la ducha, pasé junto a él procurando rozarme. Me miró y le dije "ven a la ducha". Se desnudó y nos metimos bajo el agua. Me arrodillé y me puse a comerle la polla mientras mis dedos jugueteaban con su culo. Se estremeció y agarrando mi cabeza se corrió en mi boca, me tragué esa leche ácida y desesperada. Se le bajo la erección casi de inmediato, pero a mí me había puesto a mil, por lo que lo cogí, pellizqué sus pezones mientras le comía la boca, le di la vuelta y abriendo sus cachetes comencé a comerle el culo. El cabrón gemía como una perra. Le dilaté el ojete y le metí mi polla hambrienta de sexo. Lo embestí brutalmente. El gemía y gritaba de placer. Estaba tan excitado que me corrí dentro de él. Estuve batiendo leche hasta que saqué mi polla aún dura de su culo. Metí mis dedos dentro de el y sacando leche de su interior se la di a beber. Mi leche de su culo en su boca. Él intentó evitarlo, pero aunque era fuerte pude con él, le dije "Zorra vas a hacer lo que te diga o te vas a enterar". Pude notar como se excitaba pues su polla se puso dura de nuevo. Se la cogí y me puse a frotarla con la mía. Las dos erectas, lo puse a mamar mientras él se meneaba el rabo, se corrió, yo no. Lo que hice fue mearle en la boca, se sorprendió, pero la lección la había entendido. Mandaba yo y él era mi puta. Después de mearle nos secamos y fuimos al fisio al masaje post partido.
Nos quedaban pocos días de concentración pero no los desaprovecharíamos.
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