Eagle - Madrid II (1999)


Descubrí la tarjeta de Adrián en mi bolsillo con su número de teléfono, tenía que estar en Madrid unos días más, así que después de tomarme mi dia de descanso lo llamé, mi idea era devolverle la follada pero a lo bestia, así que volvimos a quedar en Eagle.

Cuando llegué a Eagle Adrián no estaba solo, junto a él había un tipo elegante, con chaqueta de cuero y corbata, muy atractivo y otro tipo que parecía sacado de una película porno de los 70, con los chaps puestos, un chaleco de cuero y mucho vello en su pecho, un bigote a lo Paul Barresi y una altura kilométrica.

EL tipo elegante parecía llevar la conversación, al llegar yo Adrián me presentó diciéndole "Este es el tío del que te hablé", me quedé intrigado de que habrían hablado de mi, el alto del bigote intervino, era americano, dijo, "tiene buena pinta", refieriéndose a mí. El tipo elegante dijo que fuésemos a un reservado, había varios, como pude descubrir. Una vez allí el americano se sacó el rabo que era largo de cojones, llevaba un cockring de cuero y se pegó un morreo con Adrián que me puso a mil, el elegante estaba junto a mí y acercó su mano a mi paquete comprobando que mi polla ya estaba a tono para lo que estuviera por vernir. Nos desnudamos todos menos el elegante que en cuanto mi polla estuvo libre la cogió con su mano y aprovechando mi precum, que siempre es abundante, se puso a rozar sus dedos con la punta de mi capullo, dándome un placer inmenso. Por su parte Adrián y el americano estaban desatados desnudos, cuerpos pegados, pollas rozándose y ellos de morreo intenso. El elegante nos dijo que nos vistiéramos que íbamos a ir a otro sitio. Salimos y nos dirigimos a un garaje donde el tipo elegante tenía un Range Rover. El elegante conducía, Adrián iba a su lado y yo atrás con el americano, que durante el trayecto no dejó de comerme la polla que a estas alturas de partida estaba loca por escupir la leche.

Tras más de media hora en coche llegamos a un chalé. El elegante, que se llamaba Víctor abrió, la puerta y pasamos al interior donde encendió unoso focos rojos como si fuera un matadero porno. El salón estaba preparado para la guerra.

Tres cámaras Betacam, dos de ellas con lentes angulares para no perder ni un centímetro de carne. Una cuarta cámara de mano ya colgaba del hombro de Adrián. En el techo, una quinta cámara fija enfocando la sling y la camilla de acero llena de manchas antiguas. El suelo de mármol negro tenía canaletas para que la leche y los meados corrieran sin problemas.

En las paredes, posters gigantes de Tom of Finland y fotos polaroid clavadas con chinchetas: culos rotos, caras llenas de corrida, puños hasta el codo. En una estantería, botes de Crisco de cinco kilos, botellas de popper Rush de litro y una caja de condones abierta… pero nadie los usaba.

Víctor pulsó REC en las cuatro cámaras a la vez. El clic fue como un disparo.

«Desnudaos. Ahora. Y quiero suciedad de verdad. Nada de postureo.»

El americano, que se llamaba Rick, y yo nos quitamos todo en diez segundos. Yo ya chorreaba precum en hilos largos que me llegaban a las rodillas. Rick tenía la polla morada, el capullo hinchado como un tomate y un cockring de acero que le hacía parecer que iba a reventar.

Víctor se quedó vestido, solo se abrió la bragueta y se sacó su verga piercingada. Adrián se puso detrás de la cámara principal y empezó a dar órdenes como un director cabrón:

«Rick, al suelo, boca arriba. Tú (señalándome), siéntate en su cara y métele el culo hasta que se ahogue.»

Obedecí. Me senté encima de la cara de Rick y noté su lengua entrando como un taladro. Escupió dentro, me metió cuatro dedos de golpe y empezó a abrirme mientras yo le follaba la cara con el culo. Él gemía como un cerdo y se cascaba su tranca dejando un charco de precum en el suelo.

Víctor se acercó con la cámara macro y grabó en primerísimo plano cómo mi agujero se tragaba los dedos de Rick hasta los nudillos. Se oía el sonido húmedo, el plop plop plop cuando salían y entraban.

«Ahora invertid. Quiero ver cómo le partes el culo al yanqui.»

Puse a Rick a cuatro patas. Le separé las nalgas peludas y le escupí directo al agujero. Le metí la lengua hasta el fondo, luego tres dedos, cuatro… luego le clavé la polla de una estocada sin vaselina. Gritó, pero empujó hacia atrás como una puta en celo.

Empecé a follarle como un animal. Cada embestida hacía que sus huevos peludos chocaran contra los míos. Víctor se tumbó debajo con la cámara y grabó desde abajo: mi polla entrando y saliendo, el agujero de Rick rojo e hinchado, la leche de mi precum chorreando por sus muslos.

Rick se corrió sin tocarse: chorros que salpicaron el objetivo de la cámara y llegaron hasta el techo. Yo seguí dándole, más fuerte, hasta que le saqué el aire.

«Cambio», ordenó Víctor.

Rick me tiró al suelo boca arriba, me levantó las piernas hasta los hombros y me escupió en el agujero tres veces. Se untó la polla con Crisco y me la metió entera de un solo empujón. Grité. Me tapó la boca con la mano y empezó a follarme como si quisiera matarme.

Cada embestida era un puñetazo en las tripas. Me llegaba hasta el estómago. Yo solo podía jadear y babear. Víctor grababa el creampie en tiempo real: cada vez que Rick salía, mi agujero quedaba abierto como un túnel y la leche de antes salía a presión.

Rick aceleró, me agarró del cuello y se corrió dentro rugiendo. Noté diez, doce chorros calientes golpeándome las entrañas. Cuando sacó la polla, el agujero no se cerró: quedó abierto, rojo, palpitando, con un río de leche espesa saliendo sin parar.

Víctor se acercó con la cámara macro y metió dos dedos dentro para remover. Sacó los dedos chorreando y me los metió en la boca.

«Traga  leche del yanqui puta.»

Después nos pusieron a los dos de rodillas, uno al lado del otro. Víctor y Adrián se pusieron delante, pollas en mano.

«Abrid la boca. Quiero un bukkake de manual.»

Y llovió. Adrián se corrió primero: me apuntó a los ojos y me dejó ciego de leche. Víctor me llenó la boca hasta que me ahogué y tuve que escupir. Rick se corrió encima de su propia corrida anterior. Al final yo parecía una tarta: cara, pelo, pecho, todo pegajoso y blanco.

Víctor dio la última orden:

«Ahora mead los dos en el suelo y revolcaos en ello.»

Y lo hicimos. Me puse a cuatro patas y meé encima de Rick mientras él se revolcó en mi meado y en la leche mezclada. El suelo quedó hecho una piscina.

Cuando dijo «Corte», las cámaras seguían grabando el silencio. Solo se oía el goteo de la leche cayendo de mi cara al suelo.

Víctor rebobinó la cinta, vio el contador: 68 minutos de puro cerdo sin cortes.

Me miró, sonrió y dijo:

«Esto no lo verás en ninguna parte, hay gente que paga muy bien por ello y si quieres ganarte algo de pasta sólo tienes que apuntarte. Eso sí, esto no es porno para lo que grabamos nosotros.»

Me invitó a la ducha donde se unió Adrian y me enjabonó la espalda, el culo, la polla y los huevos y me dijo que quería que lo follara en el sling, por lo que salimos de la ducha y sin secarnos nos fuimos al Sling, mi polla dura no, durísima. En la sala estaban Víctor y Rick tomandose un porro, cuando nos vieron aparecer se acercaron, una vez estuvo Adrián en el Sling me puse a comerle el culo con apetito, con voracidad, él no paraba de gimir de placer, su polla dura en mi mano era un juguete que palpitaba con sus venas hinchadas y su glande húmedo y duro. Rick le puso la polla en la boca a Adrián y este se puso a comérsela, el cabrón de Víctor aprovechó el momento en el que le metí la polla a Adrián en su culo para abrirme el mío y ponerse a comérmelo, ufff, el placer era inmenso y el culo de Adrián era magia, el cabrón no se como lo hacía pero jugaba con mi polla dentro de él, contraía de una manera espectacular que me hacía querer correrme, fue en el momento en el que noté que no era la lengua ni los dedos de Víctor los que estaban en mi culo, era su polla con el piercing la que me estaba follando, fue una explosión de sensaciones que exploté dentro de Adrián con una corrida inconenible e inmensa, él dejó de comerle la polla a Rick para gritar, eran unos gritos de bestia en celo que en lugar de asustar excitaban tanto que a pesar de haberme corrido como un toro seguí bombeando con mi polla dura, aún más al tener la de Víctor dándome un buen meneo en el culo, seguí follando a Adrián que se corría como un cerdo con mi follada, su leche salía a borbotones, Rick al darse cuenta se abalanzó sobre su polla, allí estábamos yo follando a Adrián, este corriéndose en la boca de Rick y Víctor follándome incansablemente, el cabrón no se corría y mi culo estaba que ardía de placer. Noté como sacaba su polla de mi culo sin correrse, en su lugar se la metió en la boca a Adrián, por mi parte yo seguía dale que te pego a Adrián, batiendo mi leche en su culo y a punto de correrme de nuevo cuando sentí como Rick, que había cambiado de postura se puso detrás de mí y metiendo su polla en mi culo comenzó a mear dentro de mí, fue el placer más extraño e intenso que he vivido nunca, era como un enema de placer. El cabrón meaba sin parar y el líquido caliente me llenaba las entrañas, tanto placer sentí que me corrí de nuevo dentro de Adrián, saqué la polla y con la de Rick aún dentro de mí y sus meos en mi interior, me puse a comerle el culo a Adrián y a saborear mi leche. Víctor flipaba con la escena, dijo que esto habría que repetirlo y grabarlo, que algo así no tenía precio. La escena era maravillosa, la tengo grabada en mi mente con todos los detalles.

Pasamos la noche en el chalet y hubo más esa noche también me follé a Víctor, al que descubrí que le iba no sólo el sexo duro, sino el masoquismo. Fue algo increíble como descubri lo que me gustaba humillar e infligir dolor como preludio del placer.

Eso os lo cuento en otra de mis historias.

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