Jenny (2018)

 

Tengo un hijo de 22 años, Rafa, que estudia en Barcelona, en la UPC. Vive en un piso, del que yo pago el alquiler, con su novia de 21 Jenny. Por motivos de trabajo tuve que desplazarme allí por 6 meses, como el piso es grande me fui a vivir con ellos. Así fue como conocí  a Jenny, su novia. Una chica preciosa con unos ojos que derriten en cuanto te miran, estaba orgulloso con la elección de mi hijo, ya que además de guapa, Jenny era muy agradable, cariñosa y dulce. No tenía ningún pero, ella curraba en un supermercado mientras él estudiaba y lo llevaban bien. Cuando llevaba dos semanas viviendo allí, comencé encariñarme con Jenny mucho más por el trato que me dispensaba y fui dándome cuenta de algunas cosas que mi hijo parecía querer ocultarnos a los dos. Ella no se percataba de nada, pero yo soy un zorro viejo y descubrí que mi hijo estaba liado con una compañera de la Facultad, incluso el muy cabrón se la había llevado a la casa mientras Jenny y yo estábamos en el trabajo. La tarde que los pillé en casa tuve una bronca con mi hijo por hacerle lo que le estaba haciendo a una chica buena como era Jenny. Él me contestó que ella lo sabía y no le importaba, me dejó totalmente sin habla su respuesta. Por lo que me callé y no volví a sacar el tema. Pero un día, cuando llevaba en Barcelona un mes y medio llegué a casa y me encontré a Jenny llorando desconsolada, y bebiendo una botella de vodka, me dijo entre lágrimas que mi hijo Rafa se había ido a vivir con su compañera de facultad. Jenny me preguntó si yo lo sabía y le conté lo que Rafa me había dicho sobre su permisividad, ella me lo confirmó llorando aún más. Lo que yo no sabía y así se lo aseguré, era que él se iba a marchar dejándola. Jenny estaba destrozada y sin saber qué hacer, intenté calmarla y consolarla. Le dije que mi hijo no se merecía una mujer como ella, que era mucho mejor que él. La abracé y puso su cabeza sobre mi pecho, estuvimos así al menos 15 minutos. De repente se levantó y me dijo que recogería sus cosas y se iría a casa de una amiga, la convencí para que se quedara, que no era necesario que se marchara, que mientras yo estuviese en Barcelona se podía quedar en casa conmigo si quería. Tras titubear un poco asintió, se bebió de un trago la copa de vodka que tenía sobre la mesa y tambaleándose un poco se fue a su dormitorio. Escuché como entraba en su cuarto de baño y abría la ducha. Me quedé más tranquilo y fui a darme una ducha a mi dormitorio. Cuando acabé me acerqué al dormitorio de Jenny y le pregunté si se encontraba bien, la respuesta fue afirmativa por lo que me fui a dormir. Quería llamar a mi hijo pero lo dejaría mejor para la mañana siguiente. Me puse a leer un libro en la cama y al poco apareció Jenny en la puerta de mi dormitorio, estaba guapísima, a pesar de sus ojos cansados de sollozar, el brillo de los mismos ejercían en mi una atracción intensa e inevitable. Me dijo que no quería dormir sola, que la dejara dormir conmigo. Estuve a punto de negarme, pero al mirar a su cara de nuevo la pasión afloró en mí. Venía con un minúsculo pijama que dejaba al descubierto el magnífico cuerpo que tenía. Su culo era una invitación a la lujuria y sus pechos un manjar que había que catar inevitablemente. Se metió en la cama y pegándose a mí puso su cabeza en mi pecho. La excitación se adueñó de mí. Mi polla estaba dura y erecta al sentir el olor y el tacto de Jenny. Ella se percató de que su provocación hacía efecto y abalanzándose sobre mi cuello comenzó a mordisquearlo, no pude más que corresponder al efecto de sus labios y dientes en mi piel y mis manos comenzaron a acariciar su delicada piel, sus piernas, su culo duro y joven era puro fuego lo que encendía en mí. Dejó mi cuello y bajando su cabeza se dedicó a comerme la polla, lo hacía lentamente como una mujer experimentada en dar placer con su boca y lengua. Mis manos no se estaban quietas y ya tenía una de ellas jugando con su culo y su coño, húmedo este al contacto con mis dedos. Levanté su cabeza y la bese con dulzura al principio para pasar a una incontenible pasión que se tradujo en un beso largo, profundo muy húmedo y donde nuestras lenguas no dejaban de explorarse mutuamente. Nos quitamos la ropa y ahora la cogí yo a ella, la puse boca arriba en la cama y abriendo sus piernas me perdí en su sexo, un olor a hembra caliente salía de su coño, era un olor irresistible que me obligaba a meter mi lengua en su interior y pasarla una y otra vez por su clítoris, ella se estremecía de placer cada vez que mi lengua pasaba por su botón de placer, el flujo que salía de su coño cada vez era mayor, yo bebía de la fuente del deseo queriendo que nunca acabase de fluir el elixir del placer de su interior. Sus gemidos de placer se habían intensificado y ya consistían en pequeños gritos cada vez que mi lengua se atrevía más tiempo con su clítoris. De repente se transformó, su mirada pura y jovial se convirtió en la mirada de la lascivia y la lujuria. Era el rostro del placer lo que veía en la cara de Jenny, esa transformación hizo que lo que empezó como una aventura sexual normal se iba a transformar en una sesión de sexo duro. Ella con cara de viciosa total me decía “fóllame cabrón, quiero tu polla en mi coño ya”, escucharla hizo que me transformase en el vicioso que había estado escondiendo de Jenny hasta ese instante. Los dos nos quitamos las caretas y sin miramientos nos dedicamos al sexo por sexo con el único límite de nuestra imaginación. Le metí mi gruesa polla embistiéndola brutalmente pero su coño, húmedo y lubricado a rabiar la digirió con suma facilidad. Mientras le bombeaba rabo en su coño, nos morreamos mordiéndonos incluso las lenguas, ella clavaba sus uñas en mi espalda y nalgas, pegándose a mí. Mi polla le hacía daño, yo notaba sus estremecimientos y su cara de dolor cuando apretaba hasta el fondo, pero la muy zorra lo disfrutaba a pesar de todo y apretaba aún más cerrando además su coño alrededor de mi polla sin dejarla apenas salir. Noté como se corría al menos un par de veces antes de sacar mi rabo se su interior, estaba a punto de correrme y no era mi intención acabar el primer asalto tan pronto, así que cuando noté que se corría la segunda vez, saqué mi rabo y bajé mi boca a su coño donde me dediqué de manera salvaje a jugar con su clítoris en mi lengua mientras mis dedos jugaban con su depiladísimos coño culo. Ella agarraba mi cabeza, primero intentaba separarme de su sexo pero luego apretaba fuerte contra su coño. Le levanté las piernas y fui comiendo de su clítoris a su culo pasando por su coño, pero me entretuve un rato con su agujero anal, lo tenía limpio, y preparado, ya que al introducir mis dedos en su interior noté que lo llevaba lubricado. Jenny era una caja de sorpresas, ya que su culo era una debilidad que tenía desde el primer día, unas nalgas prietas que había que abrir bien para comérselo. Le di la vuelta y la puse a cuatro patas. Se la clavé por el coño mientras mordisqueaba su espalda. Luego me puse a meterle los dedos en el culo mientras la follaba para en un momento que ella no esperaba saqué mi polla de su coño y la metí en su culo, se estremeció de dolor, pero a la vez noté como se corría en un orgasmo intenso y de larga duración. No tuve tiempo de disfrutar de su orgasmo pero ella sí que lo hizo pues apretó su culo contra mi rabo haciendo que le entrara hasta que mis huevos chocaron con su coño. El orgasmo lo repitió, y en esta ocasión la acompañé con una eyaculación de campeonato. Me corrí en su culo, ella al notar que mi semen le preñaba el culo a fondo se movía con un ritmo que me ponía frenético. Saqué mi polla morcillona ya de su culo, le di la vuelta a Jenny y nos pusimos a besar, pero no duraron muchos los besos ya que de un empujón me tumbó sobre la cama y poniéndose sobre mí se puso a jugar con mis pezones mientras el roce de su cuerpo contra el mío, y especialmente contra mi sexo hacía que me ardiera la piel de deseo. Dejó mis pezones jugando con sus dedos mientras su boca se dedicó a mi polla, se la metió entera en la boca, en menos de un minuto mi polla estaba de nuevo lista para otro asalto, ella se dio cuenta y esta vez quiso llevar la iniciativa por lo que abandonó el juego con mis pezones y me puso a cuatro patas, comenzó jugando con mi polla y huevos y se entretuvo un rato jugando con mi culo, su lengua en mi interior era una explosión de placer. Jugó con su lengua y dedos en mi culo durante un buen rato, notando como me estremecía con unas sacudidas muy placenteras. Me puso de nuevo boca arriba, mi polla estaba tiesa como un palo, yo esperaba que se sentase sobre ella, pero mi sorpresa fue que con una agilidad felina puso su coño y culo en mi cara y me obligó a comérselos ambos a la vez, mientras sujetaba mis brazos, me vi obligado a ello, pero una obligación voluntaria, el placer de comerle el coño y el culo a Jenny era impagable. Tener sus dos orificios al alcance de mi lengua y boca era algo con lo que soñaría toda mi vida. El sabor de sus fluidos y el olor de su sexo eran un manjar en mi boca. Se lo comí con pasión y de manera brutal, la muy zorra lo disfrutaba y me insultaba mientras lo hacía. Soltó mis brazo y cogió mi cabeza apretándola contra su sexo mientras se corría de nuevo de manera violenta y expulsando una cantidad ingente de flujo de su coño, era una eyaculación femenina en toda regla, una que tragué entera y que ella compartió conmigo pues tras su orgasmo se sentó sobre mi polla que entró de nuevo en su culo como si hubiera nacido para ser suya. Mientras la sodomizaba ella morreaba conmigo en una postura acrobática. Jenny era fuego, flexibilidad, dulzura, fiereza, vicio, lujuria, lascivia,…. Tardé en correrme a pesar de que Jenny hizo todo lo posible por acelerarlo pero me resistí, mi intención no era regalarle otra lefada anal. En cuanto se cansó de su postura le di la vuelta, la puse de nuevo a 4 patas y se la clavé por el coño hasta el fondo, la polla entró en un mar de fluidos, casi sin posibilidad de que ella sintiese mi rabo de lo lubricado que estaba su coño, por lo que bajé de nuevo y sorbí todo lo que había en su coño para limpiarla de fluidos, introduje de nuevo la polla y su orgasmo fue como una explosión descontrolada, mientras yo la cabalgaba ella movía sus caderas adelante y atrás para que me corriese, pero justo cuando me corría ella volvió de nuevo a explotar de placer en un nuevo e intenso orgasmo, pero se derrumbó agotada de tanto correrse, su agotamiento no era ficticio. Estaba casi desmayada de tanto placer recibido. La dejé boca abajo y con mi polla aún goteando me dediqué a mordisquear y comerme su espalda, sus nalgas, sus hombros, notaba como a pesar de su agotamiento aún podía estremecerse por el contacto de mis labios. Al final me tumbé junto a ella y en ese instante se abrazó a mí y se fundió en un beso de pureza e inocencia tal que me quedé confundido. Jenny era un Ángel y una Diablesa a la vez y yo había disfrutado de esa dualidad. Era una gran mujer la que descubrí pues al cabo de los días vi como Jenny además de ser la mujer perfecta en el sexo lo era en la vida cotidiana. Fue una compañera inolvidable y una amiga incomparable hasta que nos despedimos a los seis meses de estar en Barcelona pues tenía que irme un año a Haití y no podríamos vernos. Deseando estoy de volver a Barcelona y charlar con Jenny, una mujer con carácter, sencilla, preciosa y encantadora.

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