El gran viaje: Nueva York III (1988)
Fueron unos días intensos los que estuve junto a Charles y Ann, aprendí bastante de ellos y fue una pena cuando me despedí, pero la semana había llegado a su fin.
Tenía yo el teléfono de Greg, un neoyorkino de color de unos 50 años que era ex militar y que también conocí en Sevilla gracias a que cuando estuvo destinado en Rota coincidimos en una orgía en el Puerto de Santa María donde congeniamos y trabamos amistad, una amistad que se vio refrendada por varios encuentros más. Era divorciado, bisexual como yo y me acogió en su pequeño apartamento donde recordamos que nos compenetrábamos muy bien en el sexo, de hecho había congeniado también de manera sobresaliente con Ann y Charles, a los que les había presentado y con los que nos montamos una orgía de campeonato donde la estrella fue Ann a la que nos dedicamos los tres de manera brutal. Greg tenía un pollón de dimensiones fuera de lo normal, larga y gorda, más de 25 cm que tanto el culo como el coño de Ann se tragaron ante la mirada de su marido que se masturbaba mientras mi polla lo perforaba hasta hacer chocar mis huevos contra su culo. Hicimos todo tipo de números, al menos a mi no me enchufó su polla Greg, ya que era acojonante pensar en tener ese monstruoso apéndice en mi interior, aunque sí que llegué a sentir como me entraba el capullo, pero pude retirarme a tiempo. Una de las mejores escenas que vivimos los cuatro fue cuando nos tumbamos Charles y yo, cruzando nuestras piernas y uniendo nuestras pollas para que Ann se sentase con su coño sobre ellas y ofreciendo su culo a Greg, cuando ese inmenso rabo negro entró en el culo de ella tanto la polla de Charles como la mía sintieron la presión de tal manera que fue imposible movernos, pero no importó ya que nuestro moreno amigo se movía por nosotros bombeando rabo en el culo de Ann, mi capullo chocaba con el de Charles y sentía el placer del ardiente coño de su mujer, que chorreaba y de la polla de él que se corría sin pode remediarlo. Greg se corrió también, pero lo hizo sobre la cara de Charles. Ann que estaba enviciada como una perra en celo se lanzó sobre la leche que a borbotones caía sobre la cara de su marido y se metió el pollón aún duro de Greg en su boca dispuesta a no dejar escapar una gota, dejando mi polla libre y con ganas de correrme y de meterla en caliente, Greg vio mi rabo duro y goteante y me ofreció su culo con la mirada que me lanzó. Se la metí sin contemplaciones mientras mordía su espalda y su nuca. Comencé a embestir su cuerpo que respondía a las embestidas con placer apretando su culo alrededor de mi rabo. Ann por su parte no dejaba salir el rabo de Greg de su boca y con los ojos en blanco su cuerpo no dejaba de estremecerse del placer recibido así como de la comida de coño que su marido le estaba haciendo en ese momento. Yo no pude aguantar más y quise sacar mi polla para correrme fuera de Greg, pero este apretó con sus manos mis nalgas y me pidió que no sacara mi rabo, quería sentir como lo preñaba y así lo hice, eyaculé en su interior apretando con mis manos sus pezones fuertemente, él se estremecía debido a mi follada y corrida y a la mamada de Ann, creo que volvió a correrse de nuevo porque a Ann le comenzó a salir lefa por la comisura de los labios. Saqué mi polla ya morcillona del culo de Greg y restregué los restos de mi semen por el dilatado agujero de su culo. La leche salía de su interior, sentí el impulso de comerle el culo en ese momento y me lancé a comerlo y a sentir mi leche en la boca según salía de su culo, el cabrón se estremeció y comenzó a gritar de placer, su polla se endureció de nuevo y Ann no dejó pasar la oportunidad para ponerse bajo Greg y tras frotarse el cuerpo con el negro rabazo se abrió de piernas y con ambas manos se metió la polla en su apetitoso coño, su marido por su parte tenía una erección de caballo ante tanta excitación, y se puso a follar la boca de su mujer mientras ella era taladrada de nuevo por el superdotado Greg. Dejé de comerle el culo y con mi polla morcillona me puse a sobar los cuerpos de los tres, ahora le acariciaba los pechos a Ann y mordisqueaba sus pezones que igual me morreaba con Charles como lo hacía con Greg. Mi polla no tardó en estar disponible de nuevo. Greg fue el primero que se percató, me cogió el rabo con su mano y lo llevó a su boca donde comenzó a comerme el capullo con una destreza desconocida para mí. Charles sacó la polla de la boca de su mujer y vino directo a mi polla a ayudar a Greg a mamármela mientras se morreaban también entre ellos. Yo sentía el placer de dos bocas dedicadas a mi rabo, pero no quería estar quieto, miré como Ann estaba en un estado continuado de placer, parecía que los orgasmos no la abandonaban con el rabo de Greg dentro de ella. Paré la mamada que me estaban haciendo los dos y le dije a Greg que se follase a Charles que me dejaran a Ann para mí. Los dos se pusieron a hacer un 69, aún me pregunto como Charles era capaz de meterse el rabo entero de Greg en la boca y no sufrir arcadas. Cogí a Ann de manera poco delicada, como sabía que le gustaba a ella ser tratada. La puse a cuatro patas y comencé a comerle el culo y el coño, alternando mi lengua con mi rabo follándola por ambos agujeros y con mis dedos dilatando su culo y su coño. Llegó un momento que el agujero de su culo y el hueco de su coño eran lo suficientemente grandes como para recibir mis manos, así que primero le metí la mano izquierda por su coño buscando con mi dedo corazón su punto G, ella se agitaba y se estremecía, pero cuando además le metí mi mano derecha en el culo y empecé a follarla con ambas manos comenzó a gritar como una loca, parecía que iba a romperse de placer. Tanto Greg como Charles dejaron de juguetear para ponerse a ver como Ann estaba al borde del abismo del placer para caer en las garras de la absoluta lujuria y el desenfreno. Su marido no pudo resistirse y mientras yo continuaba follando su culo y su coño con mis manos él se puso a frotar el clítoris de su mujer. Greg no podía quedarse quieto viendo aquello, así que cogió a Ann por el cuello y le metió la polla hasta la garganta, ella no pudo aguantar una arcada y vomitó sobre el negro rabo que volvió a meterse en la boca hasta vomitar de nuevo. Greg ante esto se puso a follarla de manera salvaje. Ann parecía que podría romperse en cualquier momento, pero su fortaleza y la lascivia que la envolvía la hacían cada vez más animal y a nosotros nos contagiaba haciéndonos también perder la cordura y entregarnos a la locura del vicio desinhibido y brutal que nos envolvía.
Hubo un momento en que decidimos parar, fue cuando Ann estuvo a punto de desmayarse tras un orgasmo continuado en el que apliqué presión en su cuello y le provoqué hipoxia, fue tal su placer que aunque quiso repetirlo nos negamos, hubo que atarla para que parase, pero al hacerlo la encendimos más aún, recordé las velas y le pedí a Charles que las trajera, una vez encendidas Greg se sentó a mirar como me dedicaba a verter la cera caliente sobre el cuerpo ultrajado y embriagado de placer de nuestra particular Diosa de la lujuria. Charles se marchó de la habitación a la ducha. Me dediqué en cuerpo y alma a complacer a Ann con el dolor que merecía y pedía a partes iguales, cada latigazo de dolor que recibía su cuerpo iba acompañado con un beso aquí, un mordisco allá, un pellizco acullá. Cubrí sus ojos con un pañuelo y con una esponja húmeda limpié su cuerpo, su sexo, su culo. La dejé preparada para lo que tenía preparado para ella. La dejé sola en la habitación al menos durante una hora, en ese tiempo los tres hombres nos duchamos y recuperamos fuerzas comiendo algo. Cogí de la cocina algo de fruta y especias, también leche, bourbon y tequila que me dio Charles, no olvidé coger una paleta de madera de las usadas en la cocina para mover la comida y dos bolsas vacías de plástico. También cogí unas pinzas de la ropa, una cuerda del tendedero y una rosa del rosal del jardín, con su tallo espinoso. Greg me prestó su navaja y Charles me dio cinta americana que le había pedido. Preparé la bañera con agua fría y bastante gel de baño.
Una vez tuve todo listo fui al dormitorio donde estaba Ann tumbada en la cama, parecía dormida, pellizqué sus pezones y se despertó intentando incorporarse y olvidando que se encontraba atada a la cama. Aún seguía con los ojos vendados, la desaté y pasé la cuerda con un nudo corredizo por su cuello, la puse a cuatro patas en el suelo y la llevé al baño como la perra que era. Una vez allí, abrí mis nalgas en su cara y apretando su cabeza la obligué a comerme el culo. Greg y Charles sólo miraban, sabían que no podrían participar hasta que yo lo permitiese, eso sí, ambos estaban empalmados viendo como Ann era tratada. Sentí que Ann aflojaba en su comida de mi culo por lo que le solté una bofetada, acaricié su coño que estaba húmedo, la muy zorra estaba caliente con lo que le hacía, cogí la cuerda tirando hacia arriba para poder morrearla, volví a tocar su coño y pude notar como la humedad pasaba a ser más intensa. La puse de pie y le quité la cuerda. La metí en la bañera fría, su piel se puso de gallina y se estremeció de la impresión. Volví a atar sus manos inmovilizándola en la bañera. Me aparté y la observé. Había tomado bastante cerveza en el intermedio que nos habíamos tomado los hombres por lo que tenía ganas de mear, como imagino tendrían ganas Greg y Charles, obligué a Ann a abrir la boca utilizando la paleta de madera. Me puse a mear la cara de Ann, no hacía falta decirle que lo tragase, la muy puta estaba sedienta de humillación y de sentirse presa de mi poder, invité a Greg y a Charles a que mearan también, el juego consistía en mear y que ella con los ojos vendados evitase que la lluvia que recibida fuese a parar fuera de su boca, cada vez que no lo conseguía, que eran muchas, le daba en la cara, en la espalda o en el pecho con la paleta de madera. A veces pienso que ella fallaba adrede para recibir su castigo que resultaba ser su premio. Cuando terminamos de mear la obligué a limpiar los tres capullos de cualquier resto de orina que hubiese y una vez lo hizo, sin avisarla le hundí la cabeza en la bañera, tragó agua al pillarla desprevenida, se movió y pataleó, pero al estar atada no podía resistirse por lo que tras meterle la cabeza unos segundo se la saqué, en ese momento abrió la boca para coger aire y casi sin darle tiempo la volví a meter de nuevo bajo el agua, esta vez Ann no tragó agua pero sí que la tuve más tiempo sin dejarla respirar.
Cuando decidí que ya era bastante le dije a Charles que enjabonase el cuerpo de su mujer y la limpiase bien. No tardó demasiado en terminar con ella, tiempo que aproveché para coger colutorio que llevaba en mi bolsa de aseo y hacer que Ann se enjuagase la boca. Una vez limpia la saqué de la bañera y le dije que se tumbara sobre una toalla que había en el suelo, que no se moviese de allí. Nos fuimos los tres del cuarto de baño y le dije a Charles que se sentará en una silla de madera que había en su dormitorio. Cogí la cinta americana y até sus piernas a las de la silla, sus manos tras su espalda y amordacé su boca también con cinta, comprobando que podía respirar bien. Cogí dos pinzas de la ropa y se las coloqué en los pezones, Charles se estremeció y me pareció verle una mueca de dolor por lo que lo abofeteé y le dije que no quería escuchar ningún quejido ni rebeldía. Cogí su polla morcillona y puse otra pinza en su frenillo, puse también un cordón de zapatos alrededor de su polla y huevos como si de un cockring se tratara. Greg no dejaba de mirar sin saber cuál iba a ser su papel en este escenario. Yo le tenía reservado el ser accesorio de placer para todos. Lo miré y sonreí. Volví al cuarto de baño donde Ann seguía tumbada sobre la toalla esperando instrucciones y con los ojos vendados. La cogí por el pelo y la llevé al dormitorio donde la lancé contra la cama y la follé como si de una violación se tratara. Tapé su boca con mi mano mientras la ultrajaba mordiendo sus pezones y pellizcando su piel, le di la vuelta y la sodomicé sin contemplaciones. Le grité que no podría correrse o lo pagaría caro. Ella se estremecía intentando aplacar un orgasmo que no podía frenar, cuando sentí que ella se corría cogí una bolsa de plástico y se la pasé alrededor de la cabeza, ella casi no podía respirar pero el orgasmo se le multiplicó por diez, le quité la bolsa cuando sus ojos estaban en blanco por el placer.
Hubo un momento en que decidimos parar, fue cuando Ann estuvo a punto de desmayarse tras un orgasmo continuado en el que apliqué presión en su cuello y le provoqué hipoxia, fue tal su placer que aunque quiso repetirlo nos negamos, hubo que atarla para que parase, pero al hacerlo la encendimos más aún, recordé las velas y le pedí a Charles que las trajera, una vez encendidas Greg se sentó a mirar como me dedicaba a verter la cera caliente sobre el cuerpo ultrajado y embriagado de placer de nuestra particular Diosa de la lujuria. Charles se marchó de la habitación a la ducha. Me dediqué en cuerpo y alma a complacer a Ann con el dolor que merecía y pedía a partes iguales, cada latigazo de dolor que recibía su cuerpo iba acompañado con un beso aquí, un mordisco allá, un pellizco acullá. Cubrí sus ojos con un pañuelo y con una esponja húmeda limpié su cuerpo, su sexo, su culo. La dejé preparada para lo que tenía preparado para ella. La dejé sola en la habitación al menos durante una hora, en ese tiempo los tres hombres nos duchamos y recuperamos fuerzas comiendo algo. Cogí de la cocina algo de fruta y especias, también leche, bourbon y tequila que me dio Charles, no olvidé coger una paleta de madera de las usadas en la cocina para mover la comida y dos bolsas vacías de plástico. También cogí unas pinzas de la ropa, una cuerda del tendedero y una rosa del rosal del jardín, con su tallo espinoso. Greg me prestó su navaja y Charles me dio cinta americana que le había pedido. Preparé la bañera con agua fría y bastante gel de baño.
Una vez tuve todo listo fui al dormitorio donde estaba Ann tumbada en la cama, parecía dormida, pellizqué sus pezones y se despertó intentando incorporarse y olvidando que se encontraba atada a la cama. Aún seguía con los ojos vendados, la desaté y pasé la cuerda con un nudo corredizo por su cuello, la puse a cuatro patas en el suelo y la llevé al baño como la perra que era. Una vez allí, abrí mis nalgas en su cara y apretando su cabeza la obligué a comerme el culo. Greg y Charles sólo miraban, sabían que no podrían participar hasta que yo lo permitiese, eso sí, ambos estaban empalmados viendo como Ann era tratada. Sentí que Ann aflojaba en su comida de mi culo por lo que le solté una bofetada, acaricié su coño que estaba húmedo, la muy zorra estaba caliente con lo que le hacía, cogí la cuerda tirando hacia arriba para poder morrearla, volví a tocar su coño y pude notar como la humedad pasaba a ser más intensa. La puse de pie y le quité la cuerda. La metí en la bañera fría, su piel se puso de gallina y se estremeció de la impresión. Volví a atar sus manos inmovilizándola en la bañera. Me aparté y la observé. Había tomado bastante cerveza en el intermedio que nos habíamos tomado los hombres por lo que tenía ganas de mear, como imagino tendrían ganas Greg y Charles, obligué a Ann a abrir la boca utilizando la paleta de madera. Me puse a mear la cara de Ann, no hacía falta decirle que lo tragase, la muy puta estaba sedienta de humillación y de sentirse presa de mi poder, invité a Greg y a Charles a que mearan también, el juego consistía en mear y que ella con los ojos vendados evitase que la lluvia que recibida fuese a parar fuera de su boca, cada vez que no lo conseguía, que eran muchas, le daba en la cara, en la espalda o en el pecho con la paleta de madera. A veces pienso que ella fallaba adrede para recibir su castigo que resultaba ser su premio. Cuando terminamos de mear la obligué a limpiar los tres capullos de cualquier resto de orina que hubiese y una vez lo hizo, sin avisarla le hundí la cabeza en la bañera, tragó agua al pillarla desprevenida, se movió y pataleó, pero al estar atada no podía resistirse por lo que tras meterle la cabeza unos segundo se la saqué, en ese momento abrió la boca para coger aire y casi sin darle tiempo la volví a meter de nuevo bajo el agua, esta vez Ann no tragó agua pero sí que la tuve más tiempo sin dejarla respirar.
Cuando decidí que ya era bastante le dije a Charles que enjabonase el cuerpo de su mujer y la limpiase bien. No tardó demasiado en terminar con ella, tiempo que aproveché para coger colutorio que llevaba en mi bolsa de aseo y hacer que Ann se enjuagase la boca. Una vez limpia la saqué de la bañera y le dije que se tumbara sobre una toalla que había en el suelo, que no se moviese de allí. Nos fuimos los tres del cuarto de baño y le dije a Charles que se sentará en una silla de madera que había en su dormitorio. Cogí la cinta americana y até sus piernas a las de la silla, sus manos tras su espalda y amordacé su boca también con cinta, comprobando que podía respirar bien. Cogí dos pinzas de la ropa y se las coloqué en los pezones, Charles se estremeció y me pareció verle una mueca de dolor por lo que lo abofeteé y le dije que no quería escuchar ningún quejido ni rebeldía. Cogí su polla morcillona y puse otra pinza en su frenillo, puse también un cordón de zapatos alrededor de su polla y huevos como si de un cockring se tratara. Greg no dejaba de mirar sin saber cuál iba a ser su papel en este escenario. Yo le tenía reservado el ser accesorio de placer para todos. Lo miré y sonreí. Volví al cuarto de baño donde Ann seguía tumbada sobre la toalla esperando instrucciones y con los ojos vendados. La cogí por el pelo y la llevé al dormitorio donde la lancé contra la cama y la follé como si de una violación se tratara. Tapé su boca con mi mano mientras la ultrajaba mordiendo sus pezones y pellizcando su piel, le di la vuelta y la sodomicé sin contemplaciones. Le grité que no podría correrse o lo pagaría caro. Ella se estremecía intentando aplacar un orgasmo que no podía frenar, cuando sentí que ella se corría cogí una bolsa de plástico y se la pasé alrededor de la cabeza, ella casi no podía respirar pero el orgasmo se le multiplicó por diez, le quité la bolsa cuando sus ojos estaban en blanco por el placer.
Ann y a Charles marcaron bastante mi vida sexual con su inhibida perversa de entender el sexo. Volvimos a tener varios encuentros tanto en Nueva York como en España unos años más tarde.
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