El gran viaje: Nueva York II (1988)
Tras la cena aún duraba el jet lag y la verdad es que estaba bastante cansado al igual que mis amigos, así que nos fuimos a casa. Tomé una nueva ducha y tras cepillarme los dientes me fui a la cama donde me acosté desnudo y caí rendido. Me desperté cuando eran las tres de la mañana, debía ser el maldito jet lag. Fui a mear y vi que la habitación de Ann y Charles estaba abierta y ambos estaban dormidos desnudos con la ventana abierta. La imagen aún la tengo grabada en mi memoria, me excité al verlos allí, especialmente mirando a Ann, aunque la polla de Charles, estaba empalmada, era una tentación acercarme a comérsela, así que me acerqué a la cama y sin hacer ruido me puse a comerle el capullo a Charles, era un placer hacerlo mientras él dormía. Como no podía ser de otra manera él se despertó y tras verme me cogió y nos fuimos a mi dormitorio dejando a Ann sola y desnuda en la cama.
Nos tumbamos los dos morreando y sintiendo el roce de
nuestras pieles ardientes y lascivas. Sus manos no dejaban de sobarme y
juguetear con todo mi cuerpo, las mías se centraban en apretar sus huevos y en
disfrutar del grosor de su polla. Cambiamos de postura y nos pusimos a hacer un
69, él estaba debajo, mamando mi polla con apetito y apretando mis nalgas, yo
jugando con mi lengua en la punta de su capullo que abría y del que no dejaba
de salir el fluido delicioso del líquido preseminal. Cuando me cansaba de jugar
con mi lengua metía su polla, dura, gorda y apetitosa, hasta mi garganta.
Jugábamos sin buscar arrancar la eyaculación del otro, deleitándonos en el
placer de juguetear con la polla del otro. Así estuvimos un buen rato,
excitándonos y calentándonos cada vez más. Mis babas y escupitajos habían
lubricado su polla pensando en sentirla dentro de mí. Así que cuando cambiamos
de postura mi idea fue sentarme sobre él y que me la clavara, pero antes de que
pudiera hacerlo Charles me cogió y me hizo sentarme sobre su cara, abrió mis
nalgas y me comenzó a follar con la lengua, mientras lo hacía mi polla rozaba
su pecho y sus pezones erectos. Me la comencé a menear, no estaba dispuesto
esta vez a que me hiciese eyacular sin disfrutar del placer de un orgasmo.
Pellizcaba sus pezones y cuanto más duro lo hacía más dura se ponía su polla
ante mis ojos y más profunda jugaba su lengua en mi culo. En una de esas en
lugar de apretarle los pezones cogí su pecho y lo pellizqué de manera brutal,
conseguí que dejara de comerme el culo sólo un momento, el que tardó en pedirme
que le azotara. Eso me excitó aún más así que cambié de postura y lo puse a
cuatro patas, en lugar de cabalgarlo, comencé a azotarle el culo, sus gemidos
eran de placer así que cogí sus huevos y los apreté fuerte con una mano
poniendo duros los testículos, le di un golpe leve, su grito fue de sorpresa y
de placer, quité los cordones de mis zapatillas de deporte y apreté sus huevos
fuerte mientras comenzaba a jugar con su culo introduciendo dedos de una mano y
azotándolo con la otra. Ya la sesión era tan ruidosa que Ann apareció en la
puerta mientras yo azotaba al marido, su reacción fue la de acercarse a mí y
tras darme un morreo pellizcar fuertemente en la espalda a su marido. Éste no
dejaba de retorcerse de placer. Ann salió un momento y volvió con un par de
cuerdas con las que magistralmente ató a su marido en la cama, boca arriba y
con las piernas separadas y levantadas. Me di cuenta que la cama tenía unas
anillas en las que no me había fijado anteriormente y en las que Ann había
atado las cuerdas. Vendó los ojos a su marido mientras no dejaba de rozar su
cuerpo con el mío y lanzarse sobre mi boca cada vez que respiraba. Cogió un par
de velas del armario y las encendió. Me dio una a mí y la otra la cogió ella.
Me hizo extender el brazo y me derramó una buena cantidad de cera. Quemaba pero
no hasta el punto de un dolor extremo. Me pidió que hiciera lo mismo sobre su
pecho con mi vela. Cuando fui a echarle la cera me hizo subir el brazo para
echarla desde una distancia mayor, me explicó que así el dolor era algo menor.
Yo estaba sorprendido por la situación pero me dejaba llevar así que pronto
aprendí lo que tenía que hacer con la vela, tras ver como ella no dejaba de
echarla sobre su marido y este gemía excitado mientras su polla erecta goteaba
apetitosamente. Ann se sentó sobre el rabo de su marido y me pidió que le
echase cera sobre su cuerpo mientras cabalgaba sobre él. Su cara era puro
vicio, era imposible no seguir sus instrucciones así que mientras ella
cabalgaba sobre Charles y no dejaba de echar cera caliente sobre él yo daba
vueltas alrededor de ella echando cera cuando menos lo esperaba o cuando más
excitaba me parecía que estaba, aunque el que estaba verdaderamente excitado
era yo que cada vez sentía más ganas de arrojarme sobre Ann de manera brutal y
hacerla sentir el placer que le generaba el dolor.
Debió de darse cuenta Ann de mi agonía porque dejó de
cabalgar a su marido, le quitó la venda de los ojos y subiéndose sobre él le
regaló una meada de campeonato. No sé por qué pero mi instinto me hizo acercar
mi mano al coño de Ann y sentir el calor de su meada, ella se excitó al verme
hacerlo, su mirada era pura lujuria, era tentación y perversión. Se abalanzó
sobre mi polla con su sensual y perversa boca y se la tragó hasta la garganta.
Aproveché para tumbarla boca arriba y follar su boca, cada vez que sacaba mi
polla de su boca era para azotar su cara con mi duro rabo, o bien para hacerla abrir
la boca y escupirle dentro, en una de las ocasiones le abofeteé la cara y su
reacción fue de mayor entrega por lo que seguí alternando lapos, pollazos y
bofetadas. Charles miraba con la cara desencajada de placer y la impotencia de
no poder participar. Ann tenía la mirada perdida por el desenfreno. La cogí y
la puse a cuatro patas con su coño a la altura de la cara de su marido, sin
miramientos le hundí mi boca en su coño y en su culo que chupé y comí con
locura, ella gritaba y como estaba desatada y la polla de su marido le quedaba
a la altura de la boca se puso a comérsela, mientras lo hacía, yo jugaba con su
coño y con su culo, mordiendo sus nalgas, azotándolas, penetrando con mis dedos
en su ano mientras lo dilataba y en su vagina con mi lengua deleitándome de su
salado sabor. Ella estaba desesperada por ser penetrada pero quise que su
agonía fuese mayor por lo que en lugar de follarla obligué a su marido a
comerme la polla mientras jugaba con ella. Me pedía que la follara y lo que
conseguía era que la abofeteara y ultrajase su boca hasta casi hacerla vomitar,
cuando creí llegado el momento la puse de pie y cogí sus manos entrelazándolas
por detrás de su espalda, le abrí las piernas y puse su cara contra la pared y
le embestí mi polla en su culo, su grito no fue de dolor, fue el grito de un
orgasmo contenido durante demasiado tiempo, su placer hacía sus piernas temblar
pero yo la sujetaba y no dejaba de embestir su cálido y acogedor culo. Charles
miraba y se retorcía al no poder participar de aquel desenfreno, yo mordía a
Ann en la nuca y la espalda mientras aguantaba sus brazos. La separé de la
pared y la lancé violentamente sobre la cama donde la obligué a sentarse sobre
la polla de su marido y que sus caras estuviesen frente a frente. Puse mi polla
entre ambos y les obligué a que me la mamasen, les dije que quería que se
corriesen antes que yo, que se diesen prisa entre ellos ya que yo no tardaría
demasiado. Ann siguió encadenando orgasmos y su marido tampoco tardó en
correrse. Mi eyaculación llegó cuando menos lo esperaban ambos pero eso sí, me
comieron la polla con auténtico deleite, con placer, con una pasión sincera y
lujuriosa. Aproveché para besarlos y morrear con ellos aún con los restos de mi
semen en sus bocas. Cuando mi polla se aflojo un poco me puse a mearlos a
ambos, ella era la más viciosa ya que abrió su boca para que le meara dentro,
aunque él no le iba a la zaga ya que también quería tragar el muy cerdo.
Desatamos a Charles y tras ducharnos nos fuimos los tres a
su cama ya que la mía estaba mojada con mi meada y la de Ann. Me dormí con los
labios de Ann pegados a los míos y la mano de Charles sobre mi polla.
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