El gran viaje: Nueva York I (1988)
Veinte años tenía cuando me surgió la oportunidad de viajar a Estados Unidos, y más concretamente a Nueva York. Gracias a un matrimonio norteamericano de unos 60 años, Charles y Ann, a los que había conocido y con los que había realizado varios tríos. Los conocí durante una feria de Sevilla, fue bastante curioso pues era ya bastante tarde e iba algo pasadillo de fino, así que casi ni recuerdo como acabé en su hotel follándolos a ambos: lo que sí recuerdo es que pasé con ellos toda la feria follando sin parar, eran insaciables y yo un semental con esa edad, con erecciones duraderas y brutalmente duras, así que se encontraron el hambre y las ganas de comer.
Su invitación la acepté de inmediato, ya que además de
ofrecerme vivir con ellos unos días, máximo una semana pues vendrían sus hijos
de la universidad y no querían que estuviese allí cuando llegasen, lo pasaría bien. Tenía algo ahorrado así que
me gasté casi todo en un billete de ida y vuelta, esta última sin fecha,
pendiente de cerrarla por lo que pudiera ocurrir.
Fuimos a Madrid en un coche de alquiler que conducía
Charles, durante el viaje paramos varias veces a follar en áreas de descanso,
incluso en alguna ocasión Ann se ponía detrás conmigo y no dejaba de cogerme la
polla y morrear.
El dinero que llevaba eran unas 80.000 pesetas después de
haber sacado los billetes, las cambié a dólares gracias a mis amigos de la base
de Morón.
Cuando llegamos al aeropuerto JFK en Nueva York, mi paso por
la aduana fue más lento que el de ellos, pero me esperaron y nos dirigimos a
coger un taxi. El vuelo llegó con
retraso y era medio día, el jetlag pronto empezaría a hacer de las suyas. Fuimos directamente a
su casa. La casa me sorprendió, me esperaba un piso y era una casa típica de
dos plantas y un jardín bastante grande. Mi habitación estaba justo al lado de
la de ellos, nos separaba una pared bastante fina, el cuarto de baño era
bastante grande y estaba en el pasillo frente a la puerta de mi dormitorio,
ellos tenían otro en su dormitorio. Ann me preguntó si quería tomar una ducha
antes de irnos a cenar, le dije que sí y me ofreció toallas y gel de baño, su
cercanía me provocaba siempre cierta inquietud, olía de maravilla y era
tremendamente sensual en su forma de hablar y de moverse. Era rubia y con
algunos kilos de más pero aún así me hacía fantasear, tanto que mi polla se
rebeló en mi entrepierna comenzando a endurecerse, me turbé un poco, y creo que
ella lo notó pues se sonrió de manera traviesa, como hacía siempre que me
provocaba. Cogí mi bolsa de aseo y mi ropa interior limpia y me fui a la ducha,
sorpresa mía cuando vi que la puerta no tenía pestillo y que además quedaba
algo entreabierta. Me desnudé y me dispuse a ducharme, mi polla aún estaba
morcillona y mi mente se perdía en el cuerpo de Ann, por lo que acabé empalmado
y tocándome mientras me duchaba. No me había percatado de que Charles estaba en
el baño, con sólo un albornoz, observándome mientras el agua se deslizaba por
mi piel y me meneaba la polla. Cuando me di cuenta él estaba empalmado a través
del albornoz, me miraba con deseo, en lugar de parar y dejar de meneármela me
excité y seguí meneando mi rabo, invitándolo a que se sumara, se quitó el
albornoz dejando ver su gruesa polla. Se metió en la ducha y se abalanzó sobre
mis pezones, chupándolos y mordiéndolos con frenesí. Cogí su cabeza apretándolo
contra mi pecho y sintiendo mi polla contra el suyo, dejó mis pezones y
comenzamos a morrear mientras el agua no dejaba de mojarnos. Nuestras pollas se
rozaban, cogí la suya pegándola a la mía y meneándolas las dos a la vez con mi
mano derecha mientras que con la izquierda apretaba sus nalgas. Nuestras bocas
no tenían freno ante un apetito voraz de deseo y lujuria. Apagó el agua y
tirando de mi polla me sacó de la ducha, me puso frente a la pared y abriendo
mis nalgas hundió su lengua en mi culo. Noté una descarga de placer que hizo
que mi polla se endureciese aún más. No era sólo su lengua la que jugueteaba en
mi culo, también lo hacían sus dedos, el muy cabrón me estaba buscando la próstata
y cuando la encontró sentí una sacudida y me corrí como un toro, mi eyaculación
fue intensa pero no sentí el placer que la debía acompañar. El sabía que me
había corrido pues me dio la vuelta y se puso a comerme la polla, limpiando los
restos de semen y degustándola en toda su dureza pues no se me había bajado y
mis ganas estaban intactas, cogí su cabeza y me puse a follar su boca como si
de un coño o un culo se tratara, él intento librarse pero no pudo así que
acomodó su boca a mis embestidas, que cada vez eran más salvajes y cada vez le
gustaban más. Lo obligué a ponerse de pie y abrí sus nalgas, metí mis dedos
ensalivados en su culo y se lo abrí antes de meterle mi gruesa y dura polla. Al
notarla en su interior Charles gritó mezcla de placer y dolor, no fui nada
delicado en mi follada, aún estaba contrariado por mi eyaculación sin placer,
así que lo único que tenía en mente era desatar mis instintos y alcanzar el
placer negado anteriormente. A pesar de su culo estrecho no conseguía correrme.
Saqué mi polla de su culo y él volvió a agacharse para comerme la polla y los
huevos. Era incómodo seguir en el baño, yo ni tan siquiera pensé en Ann, pero
pronto lo hice al ver que ella estaba desnuda en la puerta del baño llamándonos
para que fuésemos al dormitorio. Su cuerpo a pesar de la edad era puro fuego
bajo mi mirada. Deseé poder hundir mi boca en su coño, perfectamente depilado,
y saborear sus húmedos fluidos. Nos fuimos los tres al dormitorio donde Ann me
tumbó y comenzó a mamarme la polla, por su parte Charles se puso detrás de ella
y comenzó a comerle el culo y el coño. Yo cogía la cabeza de Ann y acariciaba
su cara mientras me la mamaba, dejó de mamarme la polla y se sentó sobre mi
rabo que entró en su interior deslizándose con facilidad gracias a lo lubricada
que estaba mi polla y lo cachonda que ella estaba. Su boca buscó la mía y nos
fundimos en un beso lleno de vicio, pasión y ansiedad. Notaba su vagina
palpitar alrededor de mi polla, pero noté también como Charles comenzaba a
buscar sitio con su polla en el coño de su mujer, ella gemía con mi boca en su
boca, incluso lanzó algún grito, pero pronto estuvo ensartada por dos gruesos
rabos en el interior de su hambriento e insaciable coño. Yo casi ni podía
moverme con ella sobre mí, pero los movimientos de Charles en el coño de su
mujer y en mi polla no dejaban de excitarme y llenarme de placer, quería
correrme y no quería parar. Ella se percató de que pronto me correría y dejó de
besarme para morder mi pecho y apretar mis pezones con sus dientes, si pensaba
que con eso frenaría mi corrida se equivocaba, consiguió el efecto contrario,
me puso aún más cachondo y excitado y cogí su cabeza, la separé de mis pezones,
le di un morreo inolvidable y sentí como mi eyaculación y mi placer llegaban
mientras ella alcanzaba un orgasmo de una intensidad fuera de lo común, su
marido estaba embistiendo cada vez más fuerte, tanto que se corrió también, el
intercambio de fluidos en la vagina de Ann era de cine, pero aún lo fue más el
orgasmo que siguió al primero de tan ardiente mujer, fue un grito seco y
continuado mientras apretaba más mi rabo en su interior que chocaba
frontalmente en sus entrañas y la llevaba a un éxtasis de indescriptibles
sensaciones. Sus pezones erectos fueron mi siguiente objetivo mientras ella
encadenaba orgasmo tras orgasmo. Era una hembra hambrienta e insaciable. Mordí
sus pechos, sus pezones y mayor era aún su intenso placer hasta que cayó sobre
mi pecho desecha. Su marido, tras correrse, se había dedicado a comer el culo a
su mujer ampliando el clímax por ella alcanzado, pero al caer ella agotada sacó
mi polla de su coño y se puso a comerla con fruición jugando con mis huevos y
mordiendo mis muslos también. Ann seguía sobre mi pecho, sus labios fundidos
con los míos, me confesó que estaba enamorada de ellos desde que me vieron en la
feria de Sevilla y que sólo de pensar en besarlos se había humedecido y su
marido había tenido que follarla en los lavabos de una caseta.
Tras un rato en el que Charles no dejó de juguetear con mi
polla y Ann con mis labios paramos, nos duchamos y nos marchamos a tomar algo.
Mi llegada a los Estados Unidos había sido mejor de lo que
podía imaginar y aún quedaban días mejores por venir.
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