La Sala X
Con 18 años me fui a la Universidad de Sevilla a estudiar Historia, vivía en un Colegio Mayor, donde mi consumo de pornografía consistía en comprar cada semana o dos semanas algunas revistas de contactos. También descubrí un par de salas X, una en la zona de la Florida y la otra entre la Plaza del Duque y la Alameda de Hércules. En esta última zona había una cantidad ingente de prostitución callejera, que me chocó bastante. Volviendo a la pornografía he de reconocer que en las revistas de contactos lo que más me gustaba no eran las fotos que salían, sino los relatos que las acompañaban así como los contactos. Pocos contactos de mujeres y sí muchos de parejas para intercambio, así como tríos, estos últimos los leía con bastante interés, especialmente los de mi zona, Sevilla y alrededores, como Cádiz y Huelva. El hecho es que al cabo de varios meses en Sevilla, aunque tuve mis aventurillas con alguna que otra compañera de facultad, o en alguna discoteca, estas no pasaban de ser morreíllos y magreos, quedándome siempre con ganas de más. Comencé a visitar las salas X, sobre todo a la de la zona de la Florida, donde había sesión doble, normalmente una peli americana y una europea, francesa, alemana o italiana, todas en versión original. Descubrí que era normal poder sacarte la polla mientras veías una peli y masturbarte, lo que más me molestaba es que cuando estaba liado siempre venía algún tío y se te ponía cerca, como el que no quiere la cosa, y miraba distraídamente, si tú seguías a lo tuyo, el tío, o los tíos, se acercaban más a ti, e intentaban tocártela.
Un sábado pude descubrirlo por mi mismo. La Sala X estaba bastante llena, como casi todos los fines de semana, estaba yo pajeándome y tan centrado en la faena que cuando me di cuenta tenía un tío a mi lado que miraba la polla con una cara de vicio que nunca olvidaré, intentó tocarla, se lo impedía con una mano, pero no guardé mi polla y continué masturbándome, me excitaba como me miraba el tío y lo excitado que se le veía, en la oscuridad de la sala pude ver que tendría unos 40 años, bien parecido y olía muy bien, pero aún así no le dejé tocarme. El esperó a mi lado sin dejar de mirar, hasta que me corrí, salpicando la parte de atrás del asiento que tenía delante. Me limpié como pude el rabo y me lo guardé de nuevo abrochándome el pantalón. El tipo me miró, tocó mi pierna me sonrió y se largó. Yo aproveché al momento y me levanté para ir a mear. Era la primera vez que iba a los servicios en el cine, y aluciné de la gente que había, además no se cortaban, si te ponías a mear en el urinario, se ponían en el de al lado e intentaban cogerte el rabo, los váteres estaban algunos con las puertas cerradas pero se escuchaba gemidos en el interior, podías ver más de dos pies por debajo de las puertas, algunos dejaban las puertas abiertas mientras mamaban la polla a otro, en uno vi la puerta abierta y un tío en pelotas al que se estaba follando otro tío mientras el que estaba desnudo mamaba la polla a un negro con pinta de americano. Nunca había visto a hombres practicando sexo entre sí, sólo en vídeo, y había mucha diferencia de verlo y olerlo al natural a hacerlo por televisión. La verdad es que casi ni meo de lo impactado que quedé, pero sin escurrirla salí de allí, mi primera intención fue salir del cine, el sentimiento de culpabilidad, que en mi juventud me atacaba siempre que me masturbaba, estaba por encima de 100. Pero me sobrepuse y volví a entrar en la sala, las luces estaban encendidas y no había demasiada gente, descubrí una pareja, hombre mujer, algo fuera de lo común en la sala y me coloqué en la fila detrás de ellos, las luces se apagaron y comenzó una película americana, recuerdo a algunos de sus actores porque se me quedó marcada por lo que me ocurrió en el cine esa tarde. En una escena estaban John Holmes, Mai Lin y otra actriz de la que no recuerdo su nombre. No tardé en estar de nuevo empalmado, pero no me quise sacar la polla para masturbarme porque me daba un poco de corte tener a la pareja delante, pero estos se levantaron y se cambiaron de sitio, imagino que buscaban algo más tranquilo, por lo que me saqué la polla y comencé a meneármela, no tardé en tener un tío a mi derecha y otro a mi izquierda, no les di importancia ya que no estaban muy cerca, pero a medida que me iba masturbando se acercaron cada uno por un lado, descubrí que el tipo a mi izquierda era el mismo de antes, el de la derecha era un tipo canoso de unos 50 años, tengo los rasgos de ambos grabados en mi memoria. En la escena de la película John Holmes acababa de correrse mientras le comían su descomunal rabo, yo seguí masturbándome pero esta vez el tipo de mi derecha estuvo más valiente que antes y me cogió la polla aunque le obligué a soltarla, la primera vez, la segunda dejé que me hiciera, mi excitación era mayúscula mientras veía en la pantalla a las dos tías a dúo comiendo el rabo y el semen. El tipo me la meneaba mientras me miraba a la cara, el de la izquierda a su vez le ayudaba y metía sus manos intentando sobarme los huevos, levanté mi culo y me terminé de bajar los pantalones y calzoncillos, esto fue un estímulo para ambos ya que el de la derecha se arrodillo y comenzó a comerme los huevos ya la polla cuando el otro le dejaba, ya que no me soltaba el rabo, me la meneaban como nunca antes, ni después han hecho en mi vida, para mí fue inolvidable, no tardé mucho en correrme cuando lo hice el tío de la izquierda se puso a frotar su dedo pulgar sobre mi capullo mientras salía el semen. Me estremecía de placer y no podía evitarlo, el otro miraba como me lo hacía y cuando este paró con su dedo el otro se arrojó a comerme la verga y tragársela entera disfrutando de mi corrida en su boca, mi polla que en un principio aguantó dura se arrugó unos instantes, pero la mamada que me estaba regalando el tío canoso hizo que de nuevo se fuera recuperando, él lo notó y se dedicó con más entrega a su labor, el otro estuvo mirando un poco y se marchó dejándome una nota en la mano, que me guardé en el bolsillo de la camisa. La verdad es que era la primera vez que un tío me tocaba la polla o me chupaban el rabo. Lo disfruté, pero al final tuve que apartar al tío canoso, me subí los pantalones como pude y me marché del cine deprisa sin mirar a ningún lado.
Los sentimientos y pensamientos que me acosaban eran turbadores. ¿Cómo me había dejado llevar de aquella manera? Y ¿Cómo era posible que además lo hubiera disfrutado? Me marché caminando sin saber ni a donde iba. Me atravesaron varios pensamientos acerca de mi sexualidad. Ya no sabía en qué lado estaba, ni en cual acabaría. Siempre pensé que me gustaban las mujeres, y así era y aún es, pero había disfrutado de la mejor paja de mi vida y había sido un tío el que me la había hecho.
Cuando llegué al Colegio Mayor me duché y me metí en la cama, pero no podía conciliar el sueño, estuve toda la noche sin pegar ojo, rememorando lo ocurrido en el cine. Conseguí dormirme, pero muy tarde.
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