Daniela I (1990)
Conocí a Daniela en Madrid, acababa de empezar a
trabajar en una oficina bancaria en la zona Centro de Madrid, donde me habían
destinado después de aprobar unas oposiciones del Banco Exterior. Era una
clienta algo peculiar, tenía unos ingresos elevados en su cuenta que siempre
hacía ella en metálico y por caja. La atendí una mañana por casualidad pues
quería saber cómo podía enviar parte de su dinero a Argentina, ya que era allí
donde tenía a su familia, desde entonces siempre que venía al Banco la atendía yo
en mi mesa. Era rubia, con unos ojos grandes y azules que te obligaban a
mirarla, ella sabía de su atractivo y lo aprovechaba con descaro. Por mi parte
siempre tuve una actuación de lo más profesional, por mucho que me costara. Pero
una tarde que había ido a trabajar al Banco a puerta cerrada, me quedé hasta
muy tarde y al salir, me crucé con ella y me sorprendió por la ropa que
llevaba, iba con una minifalda ceñida que marcaba su perfecto cuerpo, un bodi que marcaban unos pechos perfectos y exuberantes y una cazadora abierta que
dejaba ver todo su espléndido cuerpo. Al verme se paró y nos pusimos a charlar,
no pude contenerme y le pregunté si quería tomar una cerveza, miró el reloj y
me dijo que iba a trabajar, pero lo pensó un momento y me dijo que le vendría
bien tomarse la noche libre. Fuimos a un bar cercano donde tomamos unas
cervezas y unas tapitas, nos achispamos un poco, y ella tomó la iniciativa
cogiendo mi mano, acercó sus labios a mi oreja y tras mordisquearme el lóbulo
me susurró si quería ir a su casa, giré mi cabeza quedando su cara a la altura
de la mía y sin contenerme le solté un beso al que respondió ella metiendo su
lengua en mi boca y haciendo que saltaran chispas entre los dos. Pagué la
cuenta y nos dirigimos a su casa que estaba bastante cerca. Era un piso en la
calle Luna, un tercero sin ascensor. Mientras íbamos hacia allí no dejamos de
manosearnos y morrearnos, incluso en el portón casi llegamos a más. Cuando
llegamos al apartamento descubrí que Daniela no vivía sola, había otras dos
chicas en el apartamento, pero ni las saludamos, nos fuimos directamente al
dormitorio. Daniela se lanzó sobre mí y en la cama nos morreábamos sin parar ni
dejar de tocarnos. Me arrancó los botones de la camisa y me abrió mi bragueta
por la que salió mi polla empalmada que inmediatamente acabó en su boca, me la
chupaba con maestría y de manera salvaje, le dije que parase o me correría,
ella no hizo caso, sino que al contrario hizo que me corriese, la explosión de
semen que salía de mi polla rebosaba su boca, una boca que en cuanto tragó toda
la leche que ordeñó de mi rabo se unió a la mía en un besa largo y lleno de
lujuria. Mi polla aún empalmada tenía hambre de más. Al igual que yo, la
desnudé dejándola sólo con la ropa interior, tenía un cuerpo de infarto, se
quitó el sujetador y ante mí aparecieron dos tetas duras y bien puestas, que no
dudé en trabajar con mi lengua y mi boca. Mientras jugueteaba con sus pezones
apreté su culo hacia mí. Ella estaba muy caliente pero la veía un poco tímida
en algunas de sus actitudes, sobre todo cada vez que intentaba meterle mano en
su coño, ella me la desplazaba a su culo, y me pidió que la sodomizara, sus
palabras hicieron que mi polla aún dura se endureciese aún más, me ofreció su
culo que me puse a trabajar con mis dedos mientras mi lengua jugaba con sus
pezones o nos morreábamos, ella se tiró boca abajo sobre la cama ofreciéndome
su duro culo en pompa, no me lo pensé dos veces y tras lubricar un poco mi rabo
con crema que tenía en la mesita de noche se la metí, fue una entrada rápida,
sin encontrar resistencia, era un culo bien trabajado y acostumbrado a ser
penetrado, mientras la follaba fue levantándose hasta ponerse a cuatro patas,
mis vaivenes la ponían a mil y mientras le bombeaba polla en su culo ella se
tocaba su sexo, cada vez estaba más excitada, tanto que noté como se corría
estremeciéndose de placer, fue extraño para mí, pero me gustó, la sorpresa
llegó cuando me iba a correr yo, y le dije que quería follarle el coño, pero me
dijo que del culo al coño no quería que se la metiera, así que saqué mi polla
de su culo y ella se lanzó sin miramientos a comérsela, cogía mis huevos con
una mano mientras que con la otra se ayudaba a tragar rabo, aproveché el
momento y cuando fui a cogerle el coño noté que tenía una polla de campeonato
que me había estado ocultando, al notar ella que le cogía el rabo, dejó de
mamarme la polla, pero con la otra mano le obligué a que siguiera succionándome
el cipote mientras jugueteaba con el suyo, noté que se sorprendía de mi
reacción, pero se excitó más, tanto que multiplicó la mamada que me estaba
haciendo, la obligué a cambiar de postura para ponernos a hacer un 69, tan
excitado me tenía Daniela que quería demostrarle que su condición sexual lejos
de disgustarme me ponía más cachondo y más ganas me daban de darle placer. Su
polla era gorda, sus huevos pequeños, pero sentirla en mi boca y como se iba
endureciendo con mi mamada me ponía más y más cachondo, jugueteaba con su
capullo en mi lengua y a veces rozándola con mis dientes para sentir como se
estremecía mezcla de placer y algo de dolor que le producía. Yo tumbado y ella
sobre mí, de tal manera que una vez su polla alcanzó todo su esplendor le
regalé una garganta profunda que ella notó y disfrutó, mientras lo hacía jugaba
con mis dedos en su culo, ella por su parte seguía a lo suyo comiéndome el rabo
y jugueteando con mi culo, que de vez en cuando chupaba. Estaba decidido a que
se corriera, aunque le estaba costando no desistí en mi trabajo con su sexo,
tal fue mi constancia y perseverancia que al final conseguí que se corriese, la
eyaculación le llegó mientras mis labios y lengua jugaban con su capullo, fue
sin avisar y su leche acabó en mi boca, noté como me mordía los muslos mientras
se corría y gritaba de placer, era una leona en celo, sacó su polla de mi boca
y aprovechando la dureza de la mía se sentó sobre mí. Podía ver cómo me
cabalgaba el cipote mientras el suyo aún goteante danzaba al ritmo que le
marcaban las caderas de Daniela sobre mí. Era una cabalgada bestial, sus pechos
arriba y abajo al igual que su polla, su pelo caía sobre su cara que sudando
era una mezcla de placer y vicio, tanto me excitaba verla así que me corrí,
ella apretó sus nalgas al notar mi eyaculación, apretó mi rabo con su esfínter
impidiendo que saliera de él nada ni mi polla ni mi lefa. El placer
experimentado por los dos fue brutal. Al final se dejó caer sobre mi pecho,
buscando mis labios, nos besamos, morreamos y su cabeza se dejó caer en mi
pecho mientras sacaba mi polla de su culo, así nos quedamos los dos tumbados en
la cama, ella sobre mí, en un largo silencio que sólo lo interrumpía el respiro
jadeante de ambos. Sentí que Daniela era la persona con la que había tenido el
mejor sexo de mi vida, aunque luego descubriera que había aún cosas mejores por
conocer. Nos dormimos abrazados. Y no sé cuánto tiempo estuve dormido, lo que
sí recuerdo es que me desperté debido a la mamada que me estaba dando Daniela a
mi empalmada polla que volvía a tener ganas de guerra, pero esta vez fue sólo
una mamada lo que hubo ya que ella tenía prisa por terminar y cosas que hacer,
eso sí cuando me corrí, nos morreamos con mi lefa en su boca sellando el final
de nuestro primer, pero no último encuentro.
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